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No logro entusiasmar a la gente con lo que hacemos, tenemos una oportunidad
enorme por delante y no puedo hacer que la gente se comprometa.
Quiero darle forma a mi gerencia de recursos humanos, lo único que hacía hasta
ahora era liquidar los sueldos pero me parece que deberíamos hacer mucho más.
Eso si, no quiero meterme en temas muy “soft”, laburemos para hacer crecer el
negocio.
En los últimos meses veo una creciente rotación del personal, no logro meter a
la gente en la empresa, la gente se me va.
Las frases que anteceden estas
líneas son, en apretado resumen, representativas de las consultas y
preocupaciones más presentes entre los empresarios con los que tuve el gusto de
trabajar durante el 2006. Llegado el momento de un balance del año pasado se me
ocurrió intentar resumir los interrogantes más comunes, y a la vez, intentar una
respuesta genérica a estas consultas. El contexto de crecimiento del mercado en
muchos sectores de la actividad económica ha puesto presión no solo en la
capacidad instalada de las fábricas sino también en las estructuras
organizacionales de muchas empresas. Esta presión adicional sobre los recursos
humanos se ve más claramente en empresas de mediano tamaño, donde las
estrategias complejas de recursos humanos nunca han tenido un lugar de
privilegio entre las prioridades de gerentes, directores y dueños. Abordar estos
“temas de recursos humanos” genera en estos empresarios un miedo intrínsico a
meterse en temas, complejos, poco efectivos, que quiebran la mística de la
empresa y que en definitiva, conllevan un altísimo riesgo, tanto económico como
de fracaso.
Me encontré entonces con
frecuencia durante este año con el desafío de atender problemáticas complejas
que hacen al área de recursos humanos en empresas que no tienen gerente de
recursos humanos (ni lo quisieran tener…), empresas que son concientes de la
necesidad de invertir para desarrollar su capital humano pero que cuidan con
pasión cada inversión, empresas que necesitan organizarse de manera diferente
para crecer pero que basan sus historias de éxito en su flexibilidad y en su
orden organizacional.
Intenté varios caminos,
algunos más exitosos que otros. Varios terminaron en fracasos. Quizás mi
formación dentro de compañías multinacionales grandes jugó de influencia
negativa para enfocar sobre aquellos elementos esenciales sobre los que trabajar
y desechar rápidamente estrategias que tienen su acta de defunción escrita antes
de ser implementadas.
Luego de intentos varios,
prueba y error, aciertos y desaciertos me animo a esbozar a continuación los
elementos de la estrategia que considero más efectiva y con mayores chances de
generar un impacto importante en el negocio y en la gestión de capital humano
dentro de las empresas que intenté caracterizar más arriba. No quisiera limitar
el alcance a las empresas medianas ya que he visto estrategias de este tipo, con
inversiones cuantiosas detrás, fracasar o estar muy lejos de lograr sus
objetivos en grandes empresas.
Abordemos el tema en concreto,
y para ordenar el pensamiento vamos a diferenciar el qué y el cómo.
¿QUÉ?: Implementar un sistema de evaluación y gestión del desempeño que detalle
los objetivos y expectativas sobre cada uno de los recursos importantes de la
empresa.
Cuando digo objetivos y
expectativas me refiero como objetivos a todas aquellas variables que tengan que
ver con el negocio (para un vendedor, cuanto vendió; para un gerente de planta,
algún parámetro de productividad o calidad) y me refiero como expectativas a
todo lo referido a la persona y sus comportamientos, aquellos temas que no están
exclusivamente relacionados con el negocio pero que decididamente impactan en el
desempeño y en la calidad organizacional (por ejemplo: calidad en la
comunicación interna, desarrollo de la gente que trabaja en un sector, etc.)
Alinear los objetivos
agregados (la sumatoria de todos los
objetivos) de los recursos clave con los objetivos que nos
planteamos como empresa.
Ordenar temporalmente
estos objetivos, idealmente en
bimestres o trimestres.
Documentarlos y
tenerlos presentes como papeles de trabajo.
Si estos papeles los escribimos y no los leemos hasta el cierre del año, es un
claro indicador de que no nos están sirviendo para impactar sobre la
productividad de la empresa y sus recursos.
¿CÓMO? Le asigno más importante a los aspectos del cómo que a la complejidad con
que desarrollemos la estrategia del qué. En especial, en empresas que nunca
implementaron un proceso de evaluación de desempeño.
Diferenciar los
espacios formales de los informales:
Separarse y citar una reunión
formal para conversar del desempeño y enfocarse en este tema, sin derivarse en
temas cotidianos. Defender estos espacios formales de intercambio y darles una
frecuencia determinada (como mínimo, cada 2 meses). Esto no quiere decir que no
podamos tener espacios informales que hagan referencia al desempeño, pero estos
encuentros informales servirán como casos y ejemplos para los espacios formales.
De ninguna manera son espacios intercambiables.
Prepararse a
conciencia y en profundidad. Crear el contexto adecuado:
La recomendación cabe para
ambas partes (gerente/supervisor y empleado). Darle importancia al proceso
significa prepararse adecuadamente, con ejemplos, con casos, con introspección y
reflexión personal. Ambos participantes son responsables de crear el contexto
adecuado para la conversación, ajenos de situaciones del día a día y en un marco
de respeto mutuo.
Acordar un punto de
partida:
Aquí se mezclan el qué y el
cómo. Para que un proceso de gestión de desempeño sea efectivo necesitamos
acordar un punto de partida. Me gusta llamarles anclas, lugares donde podemos
apoyarnos firmemente y negociar. Las anclas no indican el camino, encienden la
pasión y nos permiten medir como vamos avanzando. Invertir tiempo de calidad en
el proceso de fijación de objetivos va a ser central para arrancar este proceso
con el pie derecho. Ni dictadura ni demagogia, un proceso de acuerdos que
equilibre desafíos individuales, desafíos organizacionales y desafíos del
negocio. Recordar también que estos objetivos no quedan escritos en piedra y que
podrán y deberán ajustarse a las realidades del negocio (para arriba y para
abajo…), sin embargo, para una primera implementación del proceso de gestión del
desempeño me permito sugerir algo de rigidez adicional.
Escucha activa. Muchas
preguntas, e inteligentes:
Las reuniones de gestión de desempeño son diálogos no monólogos. No es un jefe
diciendo que se hizo mal y un empleado asintiendo dentro de la reunión para
disentir afuera. Escuchar que tiene que decir cada uno, indagar inteligentemente
y con profundidad para entender porque estamos logrando lo que estamos logrando
y porque estamos fallando donde estamos fallando. Se requieren habilidades
conversacionales y la creación de un espacio de confianza entre ambas partes
para lograr efectividad en el proceso.
Los hechos son los
hechos, enfrentarlos sin demora:
Lo que esta bien, decirlo. Lo
que esta mal, también. Siempre intentar fundar nuestras opiniones sobre hechos
observables y medibles. Lo primero es sacar los temas a la luz sin demoras y lo
segundo es explicitar nuestro proceso de pensamiento, ¿por qué digo lo que digo?
Los ejemplos de la vida real son de increíble valor para traducir subjetividades
en temas concretos sobre los cuales ambas partes puedan trabajar para mejorar.
Plan de acción claro
acordando puntos de control intermedios:
Ninguna reunión de gestión de
desempeño (con especial referencia a las reuniones formales) debería terminar
sin tener en claro, donde estamos bien y donde tenemos que seguir trabajando.
Respecto de los temas en donde tenemos que seguir trabajando, un plan de acción
claro y con puntos de control intermedios debería quedar como conclusión de la
reunión, especialmente cuando estamos frente a temas de alta prioridad
organizacional o personal. Sugiero ir volcando todos estos nuevos acuerdos
directamente sobre la documentación de los objetivos y transformar a estos
documentos en notas de trabajo a las que recurrimos con frecuencia para analizar
como vamos.
Las sorpresas son
señales de que estamos haciendo algo mal:
“Hasta el mes pasado estaba
todo fenómeno y ahora esta todo mal…”, “Creí que venía todo bien y que cobraba
el premio y ahora me sale con que tengo que trabajar más en esto y aquello…”.
Solo ejemplos de que estamos fallando. Una manera fácil de medir como vamos con
nuestro proceso de gestión de desempeño es la ausencia de sorpresas. Si dejan de
haber sorpresas respecto del desempeño de las personas, estamos en buen camino.
Por lo general todo problema de desempeño se va gestando con el tiempo y existen
altas chances de ser identificado y corregido (que incluye despedir a alguien)
si nos planteamos como objetivo personal el no tener sorpresas en lo que hace a
la gestión de los recursos humanos.
En apretado resumen,
apliquemos inicialmente una estrategia sencilla, pero ejecutada con pasión,
franqueza y con mucha disciplina. Seguramente vamos a observar cambios
significativos de comportamientos a partir de los 6 meses de su implementación.
La gestión del desempeño no es una ciencia exacta, en el contexto de negocios
actual es casi imposible fijar un conjunto de objetivos anuales que luego
respetaremos a rajatabla, sin concesiones. Si hacemos algo muy rígido
seguramente no maximizaremos la efectividad del proceso, ya que en un contexto
de crecimiento este proceso nos impondría rigidez para crecer y en un contexto
de crisis este proceso terminaría siendo por demás estricto con nuestros
recursos humanos.
Lo importante es poder generar los espacios adecuados para acordar tanto
objetivos de negocio como objetivos organizacionales y personales, y que el
proceso sea el generador de un espiral de entusiasmo positivo dentro de la
compañía, transformándose en un estimulo constante para el crecimiento personal
de nuestra gente y en una herramienta fundamental para maximizar nuestras
posibilidades de cumplir con los objetivos de negocio que nos propongamos.
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