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Sólo a veces la semántica se hac
Sólo a veces la semántica se
hace relevante. Tanto que en el reciente Congreso de Recursos Humanos del
Instituto Chileno de Administración Racional de Empresas (Icare) se discutió
largamente sobre la necesidad de rebautizar esta gerencia con un nombre más
acorde con los tiempos.
¿Gerencia de personas, de capacitación y desarrollo, de cultura organizacional y
aprendizaje, de liderazgo? No importa. Lo que de verdad importa es el
enfoque: cómo se gestionará el talento de las personas y el peso relativo que se
le atribuirá al trabajo versus el capital.
El 78% de los asistentes al
congreso aseguró que la importancia de la gestión de recursos humanos en su
empresa aumentó en los últimos años. Y el 61 por ciento se declaró partidario de
rebautizar esta área, dada la evolución que ha experimentado.
¿Nomenclatura insulsa? Depende.
Para algunos, cambiar de nombre no es para nada importante y refleja, más bien,
el gusto del ejecutivo de turno. Unilever, por ejemplo, pasó de gerencia de
Recursos Humanos a gerencia de personas y, al poco tiempo, volvió a gerencia de
Recursos Humanos.
Otro tanto ocurre en compañías
que sí rebautizaron el área con pomposas denominaciones y cuyos empleados de
base -dígase recepcionistas u operadoras de teléfono- ni siquiera conocen al
ejecutivo a cargo.
Cuestión semántica
A todas luces, el problema no
tiene que ver con el lenguaje: colaborador en lugar de subordinado, capital
humano en lugar de recurso humano, gerencia de personas en lugar de gerencia de
personal. Todas ellas expresiones de un discurso que cuando no refleja la
realidad deviene contraproducente.
Y es que según gerentes del
área, el primer efecto del cambio de nombre es que los propios trabajadores
comienzan a alimentar un espíritu más demandante. Y en esa línea resulta
peligroso que el hecho de rebautizar no vaya acompañado de un enfoque renovado,
que satisfaga esas aspiraciones.
Tal como advierte el director
del Magíster de Recursos Humanos de la Universidad Adolfo Ibáñez, Gerson
Volenski, existe un rechazo comprensible de que se conciba a la gente como un
recurso sin sentido de trascendencia, pero cambiar de nomenclatura y seguir
haciendo lo mismo no tiene mucho sentido. Sobre todo porque estos bautismos
pueden terminar provocando burlas y frustración entre los empleados que no
observan consistencia entre la nomenclatura y el renovado enfoque que se
pretende dar al área.
Y en un plano estrictamente
semántico, tampoco está de acuerdo con las denominaciones gerencia de personas o
gerencia de cultura, que son las que van ganando en la preferencia de las
empresas. "En estricto rigor, las personas no se gestionan, no son
gerenciables, a lo sumo nos hacemos cargo de su comportamiento (...)., lo que sí
se gestiona es el desempeño."
Diametralmente opuesta es la
percepción de la gerente de personas de Lipigas, Mylene Iribarne, que está
convencida de que, detrás de la nomenclatura, hay toda una base conceptual y de
valor que sí da sentido a esta discusión. "Cómo va a ser lo mismo hablar de
recursos que de personas. Hoy, el enfoque de esta gerencia es mucho más integral
y prefiero que el nombre represente lo que verdaderamente es: desarrollar a las
personas en cuanto a su desempeño, pero también en lo que respecta a sus otros
roles."
Gestores
Aunque conservan la misma
denominación, algunas gerencias de Recursos Humanos están empeñadas en subir el
pelo a esta área. Tal como explica la gerente de IBM, Francesca di Girolamo,
la compañía emprendió hace tres años la tarea de instalar a un ejecutivo
experto en la gestión de recursos humanos en cada unidad del negocio. La idea es
que cada uno de ellos opere como vendedor de una serie de productos y,
lógicamente, son evaluados en función de esas ventas. Similar enfoque es el que
aplica Provida. La AFP dispone de profesionales denominados gestores, que son
los encargados de poner en práctica, en todos los niveles de la organización, la
política que traza la gerencia.
Desde los
departamentos de relaciones industriales hasta la gerencia de personas, pasando
por la jefatura de rol de pagos, esta área ha mutado de tal manera que hoy casi
no se dedica a las tareas operativas tradicionales (pago de sueldos, beneficios,
por ejemplo).
Hoy, las
funciones de RR.HH. están estrictamente alineadas con las demandas del negocio:
qué perfil de personas necesita la empresa para agregar de valor y qué programas
de formación requiere esa gente para poder desplegar su talento en función de
los objetivos de la organización.
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