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MBA de AméricaEconomía
¿Burbuja MBA? Volver al listado
En medio de la proliferación de MBA en la región, las escuelas de negocios de mayor prestigio aseguran el mejor retorno sobre la inversión. PERO el salario no es lo único ni lo más importante a considerar...

Por AméricaEconomía
Por Viviana Pezoa N.


¿Sigue siendo buen negocio hacer un MBA? Ésta es la pregunta clave que muchos se hacen hoy en día. Mientras mayor número de personas lo alcanzan, el mercado se va poniendo más competitivo y su valor como factor de diferenciación se vuelve menos exclusivo. Con este telón de fondo, ¿cuál es el impacto de los MBA en la carrera y en los salarios de los ejecutivos latinoamericanos? En la parte salarial hay una conclusión clara: no hay en la región ninguna evidencia empírica que demuestre que hacer un MBA es un “buen negocio”. 

Esta conclusión es desafiante para las escuelas de negocios y para las consultoras, que recién parecen estar preocupándose del tema. El fenómeno no es exclusivo de estas tierras. Ocurre también en EE.UU., el mercado de MBA más competitivo y masificado del planeta, donde la visión crítica provino en primer lugar de las propias escuelas de negocios. A mediados de 2002 los profesores de la Escuela de Graduados en Negocios de la Universidad de Stanford, Jeffrey Pfeffer y Christina Fong, publicaron en la revista Academy of Management Learning and Education un artículo con el incisivo título de “¿El fin de las escuelas de negocios? Menos exitosas de lo que se podría esperar”.

Pfeffer y Fong primero muestran la masificación de los MBA en EE.UU.: mientras que entre 1955 y 1956 se concedieron 3.200 de estos diplomas, entre 1997 y 1998 se dieron 102.000. Luego citan una serie de estudios y recogen la opinión de algunos gurúes del management para cuestionar la productividad de los ejecutivos con MBA en industrias donde típicamente se les contrata, como consultoras y banca de inversión. Finalmente, concluyen que no existe correlación entre el título de MBA y el salario, como tampoco entre las calificaciones –o sea, tener un mayor dominio de los conocimientos– y lo que se ganará al regresar al mercado. También plantean que es difícil encontrar grandes diferencias en los conceptos básicos y los cursos ofrecidos por las escuelas de negocios. Entonces, ¿acaso los conocimientos de esta disciplina se están convirtiendo en commodities?

Por la fuerte competencia, la mayoría de las escuelas de negocios tiende a imitar rápidamente muchas de las innovaciones que se producen en la industria. Entre otras razones, para Pfeffer y Fong las principales causas de esto son la falta de barreras de entrada para alcanzar posiciones gerenciales (cualquiera puede hacer un MBA) y, por distintos motivos, que casi nadie reprueba en estos programas. A esto se suma el trato de los alumnos como “clientes”, dándoles facilidades (por ejemplo, resúmenes de todas las clases), lo que según los autores se asocia a un aprendizaje más pobre.

¿Ocurre lo mismo en América Latina? En la región la pregunta de si vale la pena hacer un MBA se hace más crítica por los costos de oportunidad de los alumnos, pero especialmente por el mayor costo del endeudamiento, el efecto de las devaluaciones monetarias y las peores expectativas económicas. “Todo está más lento, el MBA hay que pensarlo como una inversión a mediano plazo”, dice Mireia Rius, directora de servicios de carrera del español Iese. El problema es que, como ilustra nuestra encuesta, no es sólo conocimiento lo que los ejecutivos esperan al realizar este posgrado.

CUESTIÓN DE DINERO Y CONTACTOS

Con estos antecedentes en mente, AméricaEconomía Intelligence entrevistó en profundidad a titulados MBA latinoamericanos de las mejores escuelas de negocios de la región, de EE.UU. y de Europa. El objetivo: determinar cuáles eran sus expectativas y si éstas finalmente se cumplieron. Como era de esperarse, los entrevistados no sólo pretendían actualizar sus conocimientos, sino también “acelerar” sus carreras, acceder a mejores cargos y, por supuesto, aumentar sus salarios. En todos los casos esto se cumplió. Varios de ellos, incluso, multiplicaron sus salarios varias veces en relación a los que antes percibían. 

Uno de esos casos es el del economista costarricense Gerardo Corrales, quien realizó su MBA en el Incae de Costa Rica entre 1988 y 1990, y que actualmente es gerente general del Banco de Costa Rica. Corrales renunció a una beca Fullbright que le hubiera permitido estudiar un doctorado en teoría monetaria en Pennsylvania. “He multiplicado varias veces más lo que yo hubiese podido alcanzar si me hubiera quedado con mi título universitario”, cuenta. Algo similar piensa el argentino Carlos Severino, MBA del IAE, que realizó un intercambio en el Iese: “Al final, si has logrado aprender, los buenos trabajos, las buenas rentas, entran antes o después”, dice.

Pero no todos tienen la misma suerte. Entonces, ¿qué valor agregado real aporta un MBA? Uno de los aspectos más interesantes es que todos los ejecutivos entrevistados valoraron positivamente que el MBA les diera acceso a una red de contactos clave en sus carreras. “Esos contactos me han servido muchísimo, ya que ahora me relaciono con ejecutivos que están a cargo de importantes grupos empresariales centroamericanos”, dice Corrales.

Es la lógica de las economías de red, que se aplica perfectamente a las escuelas de negocios y a los MBA. Quién mejor para hablar de redes que un MBA de Harvard. “El trabajo que tengo ahora no hubiera sido posible sin Harvard”, dice el chileno Luis Hernán Cubillos, quien pasó por la escuela entre 1984 y 1986 y actualmente es consultor y socio de Egon Zehnder Internacional. “Al tener acceso a un gran network, aumentan las probabilidades de acceder a mejores empleos”, dice Josep Martínez-Rovira, graduado del español Iese, la escuela con una de las mejores redes de Europa.

Pero no porque un MBA tenga más alumnos tendrá necesariamente una mejor red de contactos. Lo que cuenta es el prestigio. Diversas investigaciones en EE.UU. muestran que los posgraduados de las escuelas más prestigiosas obtienen mejores salarios que ejecutivos de iguales características pero que carecen de estos estudios. Muchas veces ese prestigio trasciende las fronteras nacionales, entregando un potencial laboral internacional. Otro hallazgo notable es que algunos estudios han encontrado una fuerte correlación entre los MBA de las escuelas con prestigio en investigación y los salarios de sus posgraduados. 

¿Cómo operan estas redes? Los alumnos más destacados quieren estar en las escuelas de mayor prestigio, lo que, más tarde, atrae a los empleadores más valorados en el mercado. Hay quienes critican el exceso de importancia que pueden exhibir estas redes en desmedro de la verdadera productividad que un ejecutivo alcance en su cargo. Desde esta lógica ganadora, las escuelas no tendrían incentivos para innovar ni en la competencia por la creación de conocimientos ni en el mejoramiento de sus programas. De todas formas, por ahora las marcas mandan; lo aconsejable es optar por las escuelas de mayor prestigio para obtener el mayor valor posible de estas redes.

Medir la rentabilidad de un MBA solamente por el salario no sólo es caer en la miopía del cortoplacismo, sino que también ignora factores que no dependen de las escuelas de negocios y que están cobrando mayor relevancia a la hora en que el mercado juzga el valor de un ejecutivo. Primero que todo, por sí solo, hacer un MBA no es garantía de nada. La escuela que se elija, la profesión, la experiencia previa y el ciclo de vida y de carrera del ejecutivo serán cada vez más determinantes a la hora de evaluar si este posgrado es o no una buena inversión. Y esto no sólo es responsabilidad de los alumnos, sino también de qué tan selectivas sean las escuelas.

Tener un MBA parece ser la clave de la generación de ejecutivos emergentes que tomará las posiciones corporativas más importantes de la región. Así lo expresan quienes contestaron la encuesta de AméricaEconomía Intelligence. Por eso, mientras en América Latina no existan evidencias que demuestren lo contrario, la masificación de los posgrados continuará. “Todavía estamos muy por debajo de la cantidad relativa de MBA que tienen los países desarrollados”, dice Esteban Brenes, decano de la costarricense Incae. “Los MBA de calidad todavía tienen mucho espacio para crecer”.

Pero la red de contactos a la que dan acceso las escuelas de negocios es sólo una herramienta. La productividad de un ejecutivo, además de depender de su capacidad para aplicar con inteligencia lo aprendido en las aulas, también está condicionada por su astucia para gestionar esta red. ¿Cuál puede ser el valor estimado de una de ellas? Por ejemplo, si se suma la facturación de las 4.000 empresas creadas por los profesores y ex alumnos del MIT se obtendría una riqueza anual de US$ 230.000 millones, equivalente al PIB de Suecia. 

REDES MILLONARIAS

A diferencia de la región, las escuelas más avanzadas en el aprovechamiento de estas redes millonarias están en EE.UU. y Europa, donde existe un trabajo sistemático. Una de las más famosas y renombradas redes de prestigio es la de Harvard, que tiene una base de datos de todos sus antiguos alumnos, la cual se actualiza dos veces al año. Para esto, Harvard envía una carta a todos ellos consultándoles si están dispuestos a que se les contacte, por ejemplo, para eventuales búsquedas de trabajo. “Las empresas saben esto y se ponen en contacto con la universidad”, cuenta Andrés Rodríguez, presidente del Club MBA de Harvard en Chile. Otras actividades son reuniones anuales mundiales y seminarios de actualización de gran convocatoria, como los que realiza el español Iese.

Para muestra, un botón del valor creado en red: en 1996, el chileno Luis Hernán Cubillos, quien cursó su MBA en Harvard, trabajaba en Empresas Iansa, donde deseaban desarrollar el negocio de vegetales congelados. Iansa había identificado a la francesa Bonduelle como la principal empresa europea dedicada al tema. Entonces Cubillos contactó a un viejo amigo de Harvard que trabajaba en París en un banco de inversión. Éste tomó a su cargo el contacto inicial e, incluso, acompañó a los ejecutivos de Iansa a la primera reunión. “Él no ganaba nada en este negocio”, dice Cubillos. “Nos entendimos bien con los franceses y terminamos haciendo un joint venture para desarrollar el negocio de vegetales congelados en Chile, Brasil y Argentina”. 

Sí, el salario no es lo más importante.

¿Realizaría o recomendaría estudiar un mba en estos momentos?
Sí 92%
No 8%

¿Qué beneficios esperaría obtener al estudiar un MBA? (Respuestas múltiples)
53% Actualizar Conocimientos
36% Mejorar red de contactos
35% Aumento salarial
32% Trabajar en otros países
31% Acceder a un mejor trabajo
29%Obtener un ascenso en la empresa
28% Crear una empresa
15% Reconocimiento entre pares

 

Fuente: Encuesta Ejecutivos AméricaEconomía Intelligence

 
 
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