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El poder de la mente Volver al listado
Los pensamientos no tienen más poder que el que nosotros les damos. Está en nuestra mente pensar en forma positiva o negativa los hechos que vemos.

Por Guillermo Echevarría
Hernán y Lucía se conocieron en

Hernán y Lucía se conocieron en una convención internacional de emprendedores. Lo que siguió a ese encuentro es la historia de dos almas que descubrieron lo intensas que podían ser sus vidas si las compartían, si miraban alternativa o simultáneamente desde los ojos de uno y de otro. Juntos, recorrieron miles de rincones exóticos de este mundo, conocieron nuevas culturas y se conocieron. Los describiría como almas independientes que se hicieron gemelas de tanto alimentar lo que las hacía únicas.

Y, como siempre, el tiempo pasó, pero no puedo decir que envejecieron juntos porque cada nuevo día contagiaban más energía, más alegría y juventud espiritual.

Lucía cumplía ochenta años y Hernán, que creía conocerla en todas sus facetas, la notaba extraña. Últimamente había comenzado a quejarse de lo que sus hijos hacían o dejaban de hacer; contestaba con ironías -sin hacer pedidos específicos acerca de lo que necesitaba- y se ponía a discutir por cualquier cosa.

Hernán, buscando mantener la armonía familiar y de pareja que los caracterizaba, no contestaba a sus enojos y reproches o lo hacía con respuestas evasivas. Sin embargo, luego de varios días de discusiones a las que no les veía ningún sentido, él también comenzó a enojarse y a formar parte activamente en los entredichos. Buscaba sacarla de esas actitudes negativas… pero las reacciones de ella eran cada vez peores. El clima familiar había cambiado de soleado a tormentoso.

Esta mezcla de actitudes y comportamientos destructivos preocuparon seriamente a Hernán la tarde que Lucía comenzó a insultar a gritos a la camarera del restaurante en el que solían comer y en el que un día él le había propuesto matrimonio sin esposas.

El incidente pasó, las aguas se calmaron, y Lucía – que no podía reconocerse a sí misma en esas acciones- creyó oportuno hacerse revisar por un médico.

El diagnóstico informó que como consecuencia del deterioro natural de la edad, en adelante tendría reacciones intempestivas provocadas por alteraciones de su carácter. Aprovechando un momento en que ella estaba tranquila, conversaron y acordaron enfrentarlo como un desafío conjunto. Ella tomaría la medicación necesaria y él tendría que aprender a manejar algunos comentarios negativos para que la relación siguiera sumando valor a sus vidas y las de sus hijos.

Conocer la situación en la que ella se encontraba le permitió a Hernán dejar de reaccionar a sus comentarios. Creó estrategias para distraerla y lograr cambiarle de tema. Se transformó en el guardián de los pensamientos de Lucía. Pero no se quedó sólo con eso… Necesitaba crear una manera de evitar que los pocos pensamientos negativos que salían de la boca de Lucía afectaran su estado de ánimo. Conversando con un coach encontró algo mucho más poderoso que protegerse de aquellos comentarios: ¡Encontró una manera de transformarlos en un alimento para la relación!

Tomó conciencia de que esas palabras duras e hirientes no tenían más poder que el que él mismo les estaba dando. Que lo que le dolía no era el comentario, sino la interpretación que él le daba. Sabiendo que no era ella la que estaba hablando comenzó a reinterpretar sus palabras traduciéndolas en palabras de amor, de aliento y de reconocimiento…. y con una mirada se lo agradecía.

Eso es lo que hubiera salido de su boca si ella estuviera mentalmente sana - pensaba.

Así, cada vez que ella le decía algo, él internamente se alentaba, se reconocía o lo transformaba en lo que necesitaba escuchar en ese momento.

Los pensamientos no tienen más poder que el que nosotros les damos.

Tu cabeza te puede estar haciendo comentarios destructivos porque es lo que ve como más adecuado hacer en ese momento. Puede creer que si te insulta vas a recapacitar y tener más cuidado la próxima vez. Puede pensar que si te dice que no eres capaz de lograr algo te protege de meterte en una situación en la que puedes fracasar.

No tiene sentido pelear con mi cabeza. Necesito comprenderla y amarla. Pensar que está haciendo lo mejor que puede en este momento. No es productivo atacar, ni discutir sus pensamientos. Simplemente puedo elegir a cuáles darle autoridad y a cuáles no y quedarme con la intención positiva que tuvo mi mente al presentármelos. Yo también puedo agradecerle la buena intención a mi Lucía –como bauticé a mi mente- y elegir una manera de pensar más poderosa.

Si, en cambio, peleo con mi cabeza la entreno en defenderse y cada día peleará mejor.

Te propongo que la próxima vez que detectes uno de esos pensamientos, te preguntes cuál es la intención positiva de tu mente al decírtelo… y con una sonrisa de agradecimiento te digas a ti mismo lo que Lucía hubiese querido decirte en su mejor momento. El apoyo y el amor incondicional a mí mismo es la base de la sanidad mental y la paz del espíritu. Sólo en paz estamos listos para dar nuestro 100%.

Liderazgo es hacer lo necesario para estar completamente presente al ahora.

 
 
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