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Una de las acciones que deja un mal sabor de boca entre los empleados medios
y de bajo nivel en las empresas es que se tomen decisiones que afectan negativamente
a los de abajo para beneficiar a los de arriba.
Cuando las empresas muestran un trato desigual ante sus propios empleados,
generalmente exacerban los ánimos de los trabajadores, generan una actitud de
rechazo y provocan el desánimo y la improductividad de los trabajadores. En
cambio, cuando los sacrificios son parejos, todos los asumen con filosofía y
entrega.
Un ejemplo de un esquema equivocado o, cuando menos, de una comunicación que
no cumplió con el objetivo de explicar el proceso en forma adecuada a los trabajadores,
fue lo que sucedió en Vitro a lo largo de los últimos meses.
Históricamente, el personal de Vitro contaba con excelentes condiciones de
trabajo. Los edificios del corporativo y de las diversas subsidiarias de la
empresa están situados en una de las mejores zonas de Monterrey. En un amplio
terreno, rodeado de jardines y estacionamientos, se encuentran varios cuerpos
de edificios con una arquitectura armónica y con toda la infraestructura necesaria
para sentirse confortable.
Los empleados de este grupo tenían bien puesta la camiseta y defendían los
intereses del grupo porque se sentían partícipes de un equipo de triunfadores
o de un equipo que tenía un objetivo en común. Sin embargo, a lo largo de los
últimos meses, la directiva del grupo tomó la decisión de recortar los gastos
y los espacios físicos de los trabajadores y de liquidar a la quinta parte del
personal.
Esta medida, necesaria para optimizar los recursos del grupo, dejó una mala
imagen al interior de la organización, debido a que los empleados sintieron
un trato desigual. Cuando a los trabajadores de base se les pide que economicen
y que hagan un mayor esfuerzo por su empresa, lo primero que esperan es que
sus dirigentes sean congruentes con este compromiso.
Sin embargo, el mensaje que Vitro les dio fue contradictorio. Por un lado,
les exigió austeridad; pero, por el otro lado, sus dirigentes mantuvieron su
mismo estilo de vida e incluso lo reforzaron con adquisiciones de diversos bienes
que para el resto del personal se consideró que representaban un derroche de
recursos.
Ante esta situación se generó un gran descontento que, al final de cuentas,
se traduce en resistencias hacia el trabajo, un sentimiento de frustración y
enojo y una mala relación entre los diversos niveles jerárquicos de la institución.
En parte lo que hizo falta es un poco de sensibilidad ante las medidas de austeridad
que se tomaron y, por otra parte, lo que hizo falta es un buen programa de comunicación
interna, en donde se presentaran con claridad los esfuerzos que hacen los principales
directivos del grupo para trabajar más fuerte y ahorrarle gastos innecesarios
a la empresa. Este trabajo es fácil de hacer, simplemente se requiere que los
directivos sean sensibles ante las necesidades del personal.
El descontento se traduce, al final de cuentas, en resistencia hacia el trabajo,
que genera un sentimiento de frustración y enojo y una mala relación entre los
diversos niveles jerárquicos de la institución.
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