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En días pasados, por asares del destino, tuve que visitar tres sucursales
distintas de Banamex y platicar con un empleado de este grupo en una reunión
de amigos. En cada una de mis visitas al banco tuve que esperar algunos minutos
para realizar diversas operaciones, tiempo que aproveché para preguntarle al
personal su opinión con relación a la adquisición del grupo financiero por parte
de los accionistas de Citigroup.
En mi pequeña encuesta, tuve la oportunidad de hablar con un gerente, dos cajeros
que me contestaron con rapidez para no perder su tiempo, una persona de atención
al público, un funcionario medio y otra persona que se encargaba de autorizar
cobros de cheques.
Lo sorprendente de la información obtenida es que nadie tiene idea de lo que
pasa en Banamex. Para algunos la venta prácticamente ya se llevó a cabo y la
gran preocupación es la posibilidad de la pérdida de su empleo. Para otros más,
las negociaciones apenas comienzan y de aquí a que algo cambie en Banamex pasará
uno o dos años, si es que se cierra el trato. Otro más no tenía idea de lo que
le preguntaba, comentó que algo había oído pero no sabía bien a bien si era
una asociación, una compra, una venta, una fusión o algo distinto. Sin embargo,
esta última persona se aventuró a decir que desde su punto de vista Banamex
debería permanecer independiente, ya que una institución de este tipo no podía
pasar a manos de extranjeros.
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Teóricamente,
una institución que presta servicios al público en forma directa, debería
cuidar al máximo la información que maneja su personal.
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Gracias a este acercamiento, lo que me quedó claro es que no hay una línea
de información precisa en Banamex. Quizá la línea es que cada quien piense lo
que quiera con base a la información que obtenga por sus propios medios.
Otra cosa que saqué en claro es que el personal más enterado, conocía más del
asunto por los periódicos y de los programas de radio, más no por la información
institucional. En este sentido me sorprendió que los comunicados internos de
la empresa o eran muy limitados o simplemente no se habían presentado. Las reflexiones
de las personas con que hablé provenían de lo que habían escuchado en los medios
masivos de comunicación y de la información vertida por sus propios compañeros.
Teóricamente, una institución que presta servicios al público en forma directa,
debería cuidar al máximo la información que maneja su personal. Este aspecto
es importante porque son los empleados quienes orientan a los clientes en sus
operaciones financieras y les ofrecen una visión de solidez o debilidad de la
institución. En la práctica, esta visión de unidad, de conocimiento sobre el
banco, de seguridad en las actividades que realizan y de seguridad en su empleo
no existe.
En este sentido, tal parece que Banamex se ha preocupado más por dar información
hacia afuera que hacia su propio personal. De acuerdo con lo que me comentaron
los más informados, la administración del banco no se ha preocupado por dar
a conocer los avances de las negociaciones con Citibank.
Quizá ya sea tarde para informar adecuadamente al personal de base de Banamex
de las implicaciones que tiene dejar de ser independiente para pasar a formar
parte de Citibank. Sin embargo, este pequeño descuido puede entorpecer el proceso
e incluso generar una actitud de rechazo a la venta.
Ojalá que los empleados con los que hablé no sean representativos de la mayoría.
Sin embargo, si es correcta mi apreciación, hay una gran distancia entre lo
que hacen y piensan Roberto Hernández y Alfredo Harp y lo que le transmiten
a su personal acerca de la mayor operación bancaria que se llevará a cabo en
la historia moderna de México.
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