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Una de las grandes paradojas que se presenta en México y quizá en el mundo,
es que los últimos que se enteran sobre la situación por la que atraviesa una
empresa son sus propios empleados. Mientras en las alturas de la presidencia
y la dirección general se cocinan fusiones, adquisiciones, recortes de inversiones,
quiebras y despidos, los trabajadores de nivel medio y bajo se encuentran al
margen de la información.
Incluso en las empresas orientadas a las comunicaciones, como son los casos
de la radio, la televisión, los periódicos y los portales electrónicos no se
ofrece la información mínima necesaria a los trabajadores sobre los problemas
y oportunidades que se presentan en su organización.
En particular, a lo largo del último año (mediados del año 2000 y lo que va
del 2001) en México se han presentado importantes ajustes en los medios masivos
de comunicación. Las dos grandes televisoras del país han recortado sus presupuestos
y parte de su personal, algunas cadenas de radio han ajustado sus proyectos,
los periódicos del país cambian sus estrategias y realizan recortes y los portales
en Internet transforman radicalmente sus proyectos, propuestas y organizaciones
internas.
Esta realidad que la podemos generalizar al sector empresarial y que la podemos
particularizar en los medios masivos de comunicación, genera un entorno muy
delicado para los negocios, ya que al interior de las organizaciones no se sabe
a ciencia cierta cuál es el camino que tomará y, en especial, si la persona
que ahora está involucrada en algún proyecto determinado podrá mantener su empleo
en el corto plazo.
La información al interior de la empresa, en lugar de fluir de los administradores
y directivos en forma abierta y transparente, fluye de manera informal, distorsionada
y por los canales menos adecuados.
En el caso de un recorte del presupuesto y del despido de una parte del personal
-cosa que es común en estos momentos- en lugar de darse a conocer con precisión
para dejar en claro cuáles son los alcances y las razones de estas medidas,
se esconde bajo la mesa y los afectados se dan cuenta cabal de lo que pasa hasta
que tienen en la mano el cheque correspondiente a su liquidación. Los argumentos
que generalmente utilizan los administradores para no ofrecer información son
los siguientes: "se trata de afectar lo menos posible a la organización", "tratamos
de evitar un proceso de pánico o de desconfianza entre nuestros empleados" o
"queremos que todos los trabajadores mantengan el interés en lo que hacen hasta
el último momento".
Sin embargo, alguna secretaria de uno de los jefes involucrados ya escuchó
algo cuando fue a servir el café, uno de los directivos ya planteó parte de
la estrategia a dos o tres de sus subordinados quienes, por supuesto, ya pasaron
el chisme a un grupo más amplio; o, lo que es peor, en los medios de comunicación
que no pertenecen al grupo de que se trate, ya se hable de los cientos o miles
de despidos, de las deudas impagables y de los grandes recortes que se llevarán
a cabo en la institución.
En consecuencia, la información parcial y a veces mal intencionada que se presenta
en el ambiente en forma de rumor, genera un mal irreversible. Los empleados
de la empresa no son tontos. Saben que algo malo pasa en su organización, pero
no tienen los elementos necesarios para saber las consecuencias. El resultado
es que se genera nerviosismo, apatía, la búsqueda por anticipado de una nueva
opción de trabajo y el descuido de las actividades cotidianas. A la larga, quien
paga el costo de la desinformación o de los rumores fundados o infundados es
la propia organización que cuenta con empleados que se sienten traicionados
y que por lo tanto no realizan sus funciones al 100% de su capacidad.
Por buena o mala que sea la situación de una empresa, la comunicación interna
fluida y adecuada permite generar el mejor ambiente de trabajo y permite entender
qué es lo que pasa al interior de la organización. Sólo con una información
adecuada se puede actuar positivamente ante la adversidad y ante las oportunidades.
Al final de cuentas, los propios hechos mostrarán la fortaleza o debilidad
de la empresa y no hay nadie más autorizado para marcar el rumbo de la información
que las autoridades del más alto nivel en cada organización.
El autor es director general de Imagen y Comunicación Empresarial, dedicada
a prestar servicios de comunicación interna y externa y de relaciones públicas.
(ice@axtel.net)
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