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REDACCION SIN DOLOR Volver al listado
¡Aprenda a escribir con claridad y precisión! ¿porqué?

Por Sandro Cohen
Hay ciertos términos que de inmediato provocan escozor. La palabra redacción es uno de ellos. Mucha gente cree en lo más intimo de sus ser que está en deuda con su propio idioma. Ha cursado la primaria, la secundaria y muchas veces hasta la preparatoria y la universidad, pero intuye que ha fallado en una cuestión fundamental: no aprendió a expresarse bien por escrito.

Para empezar, es necesario eliminar todo sentimiento de culpa. Si el problema se halla tan generalizado, será porque la política educativa no otorgó la importancia debida al idioma español; a su sintaxis, ortografía y puntuación. En algún momento difícil de precisar, probablemente en los años 60, los encargados de la educación decidieron que estas tres disciplinas eran minucias que debían pasar a un segundo o tercer plano. Así el idioma empezó a descuidarse en las escuelas.

El primer paso para reconquistarla lengua castellana consiste en reconocer dos cosas: que sí es importante saber redactar bien y que cualquiera puede aprender a hacerlo si se lo propone.

Se hace hincapié en estos dos puntos porque muchas personas no lo creen así. Piensan que la buena redacción compete únicamente a los escritores, los periodistas y los maestros de escuela. Gracias a algún mecanismo de defensa, quienes opinan de este modo están convencidos de que no hay problema si los recados, cartas, mensajes, pedidos, reportes, informas y memorandos que escriben cotidianamente están redactados de manera confusa o excesivamente enredada. Si alguien les señalara que tal o cual palabra no se escribe así, o que emplean mal los gerundios, responderían sin pensarlo “Pero tú me entiendes, ¿no? Eso es lo importante.”

Tal vez, pero quién sabe. En algunas ocasiones sí es posible colegir el sentido de un escrito mal redactado, con faltas de ortografía, sintaxis y puntuación. Pero muchas veces surgen equívocos de consecuencias imprevisibles, sobre todo cuando aquellos que leen no conocen a quienes escriben; cuando nada saben del contexto personal, profesional o emocional del redactor. Además, uno puede preguntarse por qué debiera invertir grandes esfuerzos para comprender un texto que pudo haberse escrito claramente desde el principio.

 
 
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