|
Almafuerte comienza su poesía con un claro homenaje al optimismo “Si te postran diez veces, te levantas otras diez, otras cien, otras quinientas: no han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas”. Podría seguir mencionando frases que nos invitan a no bajar los brazos, pero quiero compartir la definición del verbo “Perseverar”, proviene, como la mayoría de los vocablos castellanos del latín perseverare y significa “Mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión”. ¡Qué difícil se hace ser constante cuando no hay resultados a corto plazo, o cuando hay fracasos que nos llenan de pesimismo y nos lleva a detenernos en nuestro intento por alcanzar determinado objetivo.Siempre que escucho los planteos del tipo: ¿Para que seguir intentando, si a mí nunca me a llegar la oportunidad?, “No tengo suerte”, “Es inútil continuar con esto, total nunca me saldrá como yo quiero” y otras tantas frases pesimistas que, inevitablemente, surgen en algún momento de nuestra vida. Recuerdo la metáfora que suele ayudar mucho a encontrar la paciencia y la perseverancia cuando los resultados no se ven.Cuando queremos cultivar una planta lo primero que hacemos en enterrar una semilla en la tierra y regar todos los días hasta que germine. ¿Qué ocurre al segundo día que la enterramos y regamos? No se ve el brote, al tercer día, tampoco, quizás a la semana no veamos avances, o tal vez tendremos que esperar un mes o dos para conocer el brote de la planta. Pero si no nosotros no somos perseverantes en el riego de la tierra y pensamos a los tres o cuatro días o a la semana: “¿Para qué continuar regando si no sale el brote?”, seguramente dejaremos de regar y la planta nunca crecerá. Es más nos daremos la razón a nosotros mismos diciendo: “Hice bien en no regar, porque al final el brote nunca salió”. Cuando en realidad nosotros fuimos los responsables de la falta de crecimiento de ese vegetal.Pensemos qué planta estamos dejando de regar y qué consecuencias tendremos si la abandonamos. Quizás es una cuestión de tiempo y nuestra ansiedad no permite que continuemos regándola todos los días.
La clave: aprender de los errores
Vale el ejemplo de un conocido personaje que:
- Fracasó en los negocios a los 31 años.
- Fue derrotado a los 32 como candidato para unas legislativas.
- Volvió a fracasar en los negocios a los 34 años.
- Sobrellevó la muerte de su amada a los 35.
- Sufrió un colapso nervioso a los 36 años.
- Perdió en unas elecciones a los 38.
- No consiguió ser elegido congresista a los 43.
- No consiguió ser elegido congresista a los 46.
- No consiguió ser elegido congresista a los 48.
- No consiguió ser elegido senador a los 55.
- A los 56 fracasó en el intento de ser vicepresidente.
- De nuevo fue derrotado y no salió senador a los 58.
- Fue elegido Presidente de los Estados Unidos, a los 60.
Ese hombre era Abraham Lincoln. ¿Habría llegado a Presidente si hubiese considerado como fracasos sus derrotas electorales? Probablemente no.
Los tiempos de la vida son muy distintos a los de nuestras necesidades, pero la paciencia es un gran remedio que no siempre utilizamos y es muy útil para alcanzar con éxito los objetivos.
|