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Para unos pocos, el estrés es beneficios Volver al listado
Mientras la mayoría sufre cuando está bajo presiones laborales, los más adaptables disfrutan con los cambios y dificultades

Por The New York Times

Para el arquitecto neoyorquino Michael Jones, hacer malabarismo con varios proyectos y dormir apenas cuatro horas diarias es cuestión de rutina. Dice haberse adaptado a un ritmo rápido y a esa presión constante que provoca esporádicos estallidos de ira entre sus colegas. Cree que vale la pena el esfuerzo, aunque sólo sea porque de vez en cuando, al contemplar el panorama de Manhattan, ve uno de los tantos edificios que ha ayudado a diseñar. "Si no me sintiera parte de algo importante, no podría hacerlo", admite. 

Jones pertenece a una extraña clase de personas que los psicólogos procuran comprender desde hace décadas. Lo raro no es el formidable grado de estrés con que se debaten a diario, sino el modo en que crecen y mejoran bajo su peso. Constituyen una fuerza laboral muy conocida, pero enigmática. Funcionan en perpetua sobremarcha para cumplir plazos agotadores o satisfacer a un patrón exigente. Sus compañeros quizá los tomen por trabajadores compulsivos. Los psicólogos los llaman resilientes (es decir, adaptables) o aguantadores. 

"Los de más aguante disfrutan con los cambios y las dificultades. Cuanto más duro y complicado es su trabajo, tanto más comprometidos se sienten con él. Tienden a ver el estrés como algo normal en la vida, más que como una injusticia", explica el doctor Salvatore R. Maddi, profesor de psicología en la Universidad de California. 

Todo bajo control 

Se ha detectado un nexo entre el estrés y un conjunto de patologías, entre ellas las cardiopatías y la depresión. Pero, según los estudios de ambientes laborales agotadores, los individuos resilientes parecen eludir los problemas psicológicos y de salud relacionados con el estrés, aun cuando sus compañeros se estén derrumbando. "En esto intervienen la genética, la crianza y, simplemente, la personalidad", dice el doctor Bruce McEwen, director del laboratorio de neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller. 

Quienes se desarrollan mejor bajo presión no buscan necesariamente determinadas profesiones. Pero todos habrían tenido experiencias tempranas en ambientes duros, que les enseñaron a regular sus niveles de estrés. 

"En algunos casos, se someten a un estrés que ellos mismos crearon, impulsados por un afán inconsciente de vencer las presiones que los habían acosado en su infancia o adultez temprana", explica el psicoterapeuta neoyorquino Steven Kuchuck. 

Sean cuales fueren sus móviles, lo que les permite prosperar es un fuerte compromiso con su carrera, la sensación de ejercer el control y cierta tendencia a encarar el estrés como un desafío, más que como una carga. 

La actitud del individuo hacia su trabajo y en qué medida se siente importante al presentarse a diario en él se consideran, desde hace mucho tiempo, fuertes indicadores de lo bien o mal que le irá. Ser una pieza más de un engranaje, sin voz ni voto, es casi una garantía de agotamiento. Aun así, podrá arreglárselas hasta en el ambiente más abrumador, si tiene la sensación de ejercer cierto control. 

Según el doctor Robert M. Sapolsky, profesor de biología y neurología en Stanford, los estudios de músicos profesionales indican que los de orquesta suelen estar menos satisfechos y más estresados que los de pequeños conjuntos de cámara porque carecen de autonomía. Están a merced de los caprichos del director. McEwen coincide con él: "Los subalternos dominados por un jefe, sin el menor poder de decisión, siempre son los que más se angustian". 

Optimistas frente a lo peor 

Quienes se muestran duros son reacios a ceder el control. También son menos propensos a sentirse víctimas de sus jefes o de circunstancias imprevisibles. Pueden superar enérgicamente una crisis laboral, por cuanto aceptan el trabajo excesivo o el despido ocasional como un hecho amargo, pero inevitable, de la vida. Anticiparse a las situaciones difíciles puede hacerlos menos vulnerables a las enfermedades inducidas por el estrés. 

Los que colapsan bajo las presiones ejercidas en el lugar de trabajo tienden a imaginar las peores situaciones; en cambio, los adaptables piensan, por ejemplo, de qué modo una mayor carga de trabajo podría derivar en un ascenso. 

En opinión del doctor Andy Morgan, profesor adjunto de psiquiatría en Yale, una manera de superar el cinismo y el agotamiento es sentir que estamos logrando algo. "En cierto modo, se parece a la sensación de control. Cuando la gente empieza a sentir que su trabajo no tiene importancia, se queja de problemas de salud, falta más veces por enfermedad y comienza a buscar otro empleo." 

Sobrevivir al naufrago 

Cuando AT& T afrontaba la desregulación federal, a comienzos de los años 80, el doctor Salvatore R. Maddi hizo el seguimiento de centenares de empleados de una de sus empresas, Illinois Bell. Finalmente, hubo más de diez mil despidos. "Hubo casos de suicidio, depresión, trastornos provocados por la angustia, divorcio, infarto, apoplejía; en suma, todo cuanto pueda atribuirse a un estrés masivo", recuerda. 

Unos dos tercios de los trabajadores investigados se derrumbaron. El tercio restante sobrevivió, mantuvo su salud intacta y se aferró al puesto; o bien, se fue a otra compañía donde ascendió muy pronto. 

En una revisión ulterior, los investigadores descubrieron que muchos de los que habían salido indemnes tenían antecedentes familiares estresantes y eran más propensos a describir el cambio como algo inevitable.

 

 
 
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